Llevaba unos años retirado monacalmente de los comentarios de la actualidad alcalareña, y, cada vez que regreso de visita a Alcalá, no encuentro motivos para romper este voluntario silencio. A petición del Foro Oromana, incluyo alguna entrada en el blog sobre la realidad local con esa indiferencia con la que se miran los mapas del tiempo.
Me llegan los comentarios de algunos amigos acerca de los resultados de las últimas elecciones locales y ya no encuentro ni motivo para la ofuscación. Posiblemente el alcalde Antonio Gutiérrez Limones haya rubricado un mandato de grandes obras públicas, rotondas y palmeras, y es muy posible que la reelección no incurra, a diferencia de otras veces, en la injusticia.
Pero el problema de Alcalá no es ése, sino la falta absoluta de una perpesctiva de alternancia política. Ni en los tiempos de mayor corrupción, con alcaldes y concejales condenados, se rompió esa indisoluble supremacia, ese rodillo de mayorías absolutas que va camino de los cuarenta años...
Da igual lo que hagan, repetirán. Incluso, como pudiera ser el caso, si lo hacen bien. Pero la falta de un horizonte de cambios es el mayor lastre para una sociedad civil que no puede ejercer la crítica sin saber que será condenada al ostracismo social, a vivir al otro lado de la frontera, que no puede plantear ningún proyecto alternativo que no choque frontalmente con ese muro de voto que impide que las elecciones sean un sincero examen a la gestión política para convertirse en un ritual huero de inercia emocional o intererada.
La realidad política de Alcalá es como la Plazuela: una plaza sin interés, cercada por sus propias limitaciones. Sin posibilidad de cambio. Buena Feria.